Duros momentos de un triatleta que podrían convertirse en un meme

17 de febrero de 2017
Duros momentos de un triatleta que podrían convertirse en un meme

Nosotros, practicantes de triatlón, hombres fuertes y tenaces, gente capaz de todo y a los que no hay un reto que se les resista… también tenemos nuestras debilidades. Cierto que al final del entrenamiento te crees el rey del mundo y el subidón es importante, pero antes, durante y después hay situaciones y miradas muy dolorosas que podrían dar origen a algún meme.

Hablábamos hace tiempo de que, además de hombres de hierro, también somos vagos, y hay situaciones cotidianas por las que no estamos dispuestos a pasar, pero también hay momentos, sensaciones, miradas dolorosas, que estarían mejor en un meme que en un tritraje.

1. El despertar. Cuando ese despertador suena a las 6:50 de la mañana, la depresión no hay quien te la quite, y en mi caso se multiplica por tres. Me siento en la cama mientras veo quién se queda calentita bajo las sábanas, luego me siento en el baño (no creo que tenga que entrar en detalles) y luego al sentarme en la cama del cuarto donde dejo todo preparado para ir a entrenar. Ese momento en el que te planteas el porqué de tu existencia y tratas de reorganizar la semana de entrenamientos permitiéndote dormir una horita más… merece un meme.

2. Antes de meterse en la piscina. Has vencido ese primer momento doloroso y ahora, ya con el gorro puesto, las gafas y tus artilugios de entrenamiento, estás sentado en el borde de la piscina. Necesitas poco para volver al vestuario, vestirte y largarte a desayunar; las patitas ya han probado ese agua que te parece que lleva toda la noche con hielos y que baja de temperatura a cada segundo que pasa, y encima el de la calle de al lado te salpica en cada volteo mientras tú te encoges y casi prefieres ahogarle que nadar… Meme al canto.

3. Pinchazo. Si me seguís habitualmente sabréis que en la última carrera no tuve mucha suerte con los pinchazos. Hasta en tres ocasiones tuve que pararme en la cuneta y sacar las herramientas, y hasta en tres ocasiones se me quedó esa cara de meme. ¿De verdad tengo que pinchar yo ahora? Y te quedas mirando la rueda con cara de "espero que sea todo producto de mi imaginación", mezclado con "espero que se repare sola" o "que venga aquí el coche de apoyo del Movistar Team para sacarme del apuro".

4. Empiezan las series. Esas maravillosas series de carrera del entrenador que haces a primera hora de la mañana o de la noche y que comienzan con sus 20 minutos de calentamiento. Tú te lo tomas al pie de la letra y vas al 'tran tran' (por ser optimista). Te adelantan hasta las abuelas con tacatá pero tú piensas: «estoy calentando, es lo que hay». Hasta que te plantas en el inicio del circuito de 1K que te conoces al dedillo y recuerdas el tiempo en el que lo tienes que hacer. Te paras, te lamentas, miras la zona con pena, y hasta la señora del tacatá vuelve a pasar a tu lado y piensa… «pringao». Toma meme.

5. Tras el entrenamiento… compromisos. No todo va a ser antes y durante el entrenamiento. Casi peor es lo de después. No hay nada como madrugar el domingo, quedar con el grupo para una salida amistosa larga a ritmo controlado —que viene a ser 20 minutos de charleta y luego a darse palos y seguir al primero, que parece que le persigue el diablo— y llegar a casa pensando en una abundante comida y la siesta. Es en ese momento cuando tu pareja te dice: «¿te acuerdas de que comemos con mis padres?», o «hemos quedado con mis amigos de cuando hice el curso de manejo de animales exóticos», o «vete tú a saber lo que tengo organizado, pero tú no duermes la siesta, que ya he tenido una mañana de domingo en solitario». Ese meme llega ahí, cuando te sientas todavía sudado en el sofá… ¡Y lo sabes! Que diría el rey del meme, el gran Julio Iglesias.